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La NASA revela datos preocupantes sobre el hielo en la Antártida

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El hielo marino de la Antártida registró en el verano de 2025 (finalizado en marzo en el Hemisferio Sur) una de las extensiones más bajas en los últimos 47 años, según datos de la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC). Este nivel iguala el mínimo histórico de 2023, el año con la menor cantidad de hielo desde el inicio de los registros satelitales en 1978.

Un retroceso alarmante

El pasado 1 de marzo de 2025, la NASA publicó un mapa que ilustra la drástica reducción del hielo marino antártico. Para esa fecha, la extensión del hielo se redujo a 1.98 millones de kilómetros cuadrados, un 30% por debajo del promedio registrado entre 1981 y 2010, que era de 2.84 millones de kilómetros cuadrados.

La línea amarilla en el mapa indica la mediana de hielo entre 1981 y 2010, mostrando que en la mitad de esos años el hielo superó esa marca y en la otra mitad estuvo por debajo. Este descenso constante genera preocupación sobre si se trata de una fluctuación climática temporal o de un cambio permanente en la Antártida.

¿Un cambio irreversible?

Los expertos no han logrado determinar si el Hemisferio Sur está entrando en una nueva norma de hielo permanentemente bajo o si es solo una fase pasajera. Según Walt Meier, científico del NSIDC, es necesario observar los próximos años para comprender mejor la magnitud de este fenómeno y sus implicaciones climáticas.

Impacto global: el hielo también disminuye en el Ártico

Mientras el hielo marino en la Antártida alcanza niveles críticos, el Ártico también enfrenta una situación preocupante. A mediados de febrero de 2025, la cobertura de hielo marino global disminuyó en más de 2.5 millones de kilómetros cuadrados en comparación con el promedio de 2010. Este déficit equivale a una superficie similar a la del este de Estados Unidos, desde el río Misisipi hasta la costa Atlántica.

Tecnología de observación satelital

Los datos sobre la extensión del hielo marino antártico fueron obtenidos mediante satélites del Programa de Satélites Meteorológicos de Defensa (DMSP), que miden la radiación de la Tierra en el rango de microondas. Gracias a esta tecnología, es posible diferenciar entre aguas abiertas y hielo marino, permitiendo observaciones diarias a nivel global sin interferencias por nubes.

Además, los datos actuales se complementan con registros históricos obtenidos por el satélite Nimbus-7, operado por la NASA y la Oficina Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) entre 1978 y 1985.

Conclusión

La disminución del hielo marino en la Antártida es un hecho innegable que genera interrogantes sobre el futuro climático del planeta. A medida que los científicos continúan monitoreando la situación, la comunidad internacional debe reflexionar sobre el impacto del calentamiento global y las medidas necesarias para mitigar sus efectos. ¿Estamos ante un punto de no retorno o será posible revertir esta tendencia?

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