
A partir de este martes, comenzaron los despidos de hasta 10,000 trabajadores en las principales agencias de salud de Estados Unidos, como parte de una reestructuración masiva ordenada por el presidente Donald Trump. Estos recortes, que afectan al Departamento de Salud y a agencias clave como la FDA, el CDC y el NIH, forman parte de un plan más amplio de reducción de personal, con el objetivo de ahorrar hasta 1,8 mil millones de dólares anuales en un presupuesto de 1,8 billones.
La reestructuración, que reducirá la plantilla del Departamento de Salud de 82,000 a 62,000 empleados, es vista como una reforma radical en el sector, impulsada por Trump y su asesor más cercano, Elon Musk. Aunque el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., expresó su pesar por las personas afectadas, señaló que la medida es parte de un esfuerzo más grande para cambiar el enfoque de la política sanitaria del país, centrándose más en la prevención de enfermedades crónicas.
Sin embargo, esta reestructuración no ha estado exenta de controversia. Expertos en salud han señalado su preocupación por la pérdida de personal calificado, especialmente en un momento crítico cuando el país enfrenta el peor brote de sarampión en años y el temor de una pandemia de gripe aviar. Algunos exfuncionarios, como Robert Califf, ex comisionado de la FDA, han alertado que la eliminación de personal con conocimiento profundo del desarrollo y la seguridad de productos puede tener consecuencias graves para la salud pública.
El impacto de estos despidos ha sido inmediato, con empleados enterándose de su salida mediante correos electrónicos o tarjetas de acceso desactivadas. Las protestas y demandas legales han surgido en respuesta, y algunos despidos han sido revertidos por órdenes judiciales, como el caso de 950 empleados del Servicio de Salud Indígena.
Este giro en la política de salud pública se da en un contexto más amplio de recortes en el gobierno federal bajo la administración Trump. Desde que asumió la presidencia en enero de 2025, Trump ha impulsado una política de reducción del tamaño del gobierno, con un enfoque agresivo en la eficiencia gubernamental, liderado por Elon Musk. Aunque los recortes han sido defendidos como una forma de reducir el gasto, críticos señalan que el impacto sobre los servicios esenciales podría ser devastador.
Mientras la administración se prepara para una segunda ola de despidos, la incertidumbre sobre el futuro de la salud pública en Estados Unidos crece. ¿Están estos recortes realmente encaminados a mejorar la eficiencia, o están poniendo en peligro los esfuerzos de salud pública en un momento de crisis sanitaria global?
