
De la Redacción
El Buen Tono
Córdoba.- El asesinato de Alondra, una niña de siete años, a manos de su padrastro en la localidad de San Matías Los Mangos, es el reflejo de un sistema podrido que, con su indiferencia, condena a la niñez a la violencia y a la muerte. Mientras su familia paterna peleaba por su custodia, las autoridades del DIF hicieron lo que mejor saben hacer: nada.
Este caso no es aislado. Apenas en agosto pasado, otra menor, Natalia “N”, de cuatro años, fue asesinada de la misma forma en esta ciudad. Dos niñas muertas en menos de un año, dos vidas que pudieron haberse salvado si el DIF de Córdoba hiciera su trabajo.
¿Dónde estaba la directora del DIF municipal, María Elena Yunes Choperena, mientras Alondra y Natalia sufrían maltrato? ¿Dónde estaban los “expertos” del Departamento de Atención y Prevención de Riesgos a la Infancia y Adolescencia (DAPRIA) y el área jurídica? La respuesta es evidente: en la comodidad de sus oficinas, ignorando su responsabilidad y permitiendo que la violencia siga cobrando vidas.
Personal de esta casa editorial acudió a solicitar información, pero el DIF optó por callar, prometiendo declaraciones hasta el próximo viernes. ¿Acaso necesitan más tiempo para maquillar su negligencia? El silencio no es otra cosa que complicidad por omisión.
Esta omisión no es nueva y pareciera un modus operandi. En Paso del Macho, el DIF regresó a un niño de 5 años a la casa de donde había huido por violencia, sin siquiera investigar a detalle.
En Córdoba, la infancia está en peligro en sus hogares y en las calles. Por las noches es común ver a menores vendiendo productos, expuestos a cualquier tipo de abuso. La niñez ha sido relegada al olvido, y el DIF, el organismo que debería protegerla, se ha convertido en un cómplice silencioso de su sufrimiento.
