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Y todavía se engalla Mamá Porky

Superiberia

Clama Mamá Porky por la honra del omiso Gerardo Rodríguez Acosta, su vástago, del que dice es inocente, partícipe, empero, del levantón, partícipe de la privación ilegal a Daphne, testigo del asedio sexual, testigo de la violación, cómplice por lo que dejó de hacer. Y todavía se engalla la dama.

Reaviva Rocío Acosta Fernández el escándalo de Los Porkys de Costa de Oro, uno de ellos su hijo, el único de los cuatro juniors a quien la Fiscalía General de Veracruz exime de culpa, pese a su condición de activo en el rapto, indiferente al manoseo perpetrado por los otros mozalbetes, pasivo en el momento de la violación, en un caso que indigna y estremece por las maniobras de la autoridad para trastocar la justicia.

Sacude a todos Mamá Porky, una de las cuatro, con una carta abierta en El Dictamen de Veracruz —abril 15— en que victimiza a su hijo, refuta al padre de Daphne, Javier Fernández, lo acusa, lo increpa y encara a los medios de comunicación que han ventilado la bajeza de los malandros de Costa de Oro.

De los cuatro Porkys, sólo Gerardo Rodríguez Acosta fue eximido de responsabilidad por “Culín”, el fiscal de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras, desdeñando la razón, la evidencia, la contundencia de los señalamientos, la aceptación de culpa.

Se giró orden de captura contra Enrique Capitaine Marín, quien consumó la violación, por violación simple; Diego Cruz Alonso y Jorge Cotaita Cabrales, por violación agravada, y a Rodríguez Acosta ni lo tocó.

Se emitió ficha roja a Interpol al saberse que dos de ellos, Enrique Capitaine y Diego Alonso habían salido de México, aquel a Woodlands, Texas, y éste a Bilbao, España. Diego Cruz ya regresó a Veracruz.

De ahí se cuelga Mamá Porky, creída que las truculencias del fiscal Bravo dejarán libre a su vástago, que el año que congeló el caso sirvió para matar la justicia, que la justicia que demanda Daphne se extingue por las corruptelas del engreído “Culín”.

Viene un amparo federal, una embestida contra Gerardo Rodríguez Acosta, que se determine su probable responsabilidad en el delito de privación ilegal de la libertad y omisión de auxilio.

Echadora, Rocío Acosta Fernández se engalla, reclama como si tuviera autoridad moral, como si su hijo fuera un monje. He aquí su texto:

“Soy la madre de Gerardo Rodríguez Acosta

“A estas alturas pareciera que ustedes lo conocen mejor que yo, pues se han erigido en los jueces de la gran Corte y han hecho juicio sumario en contra de mi hijo, acusándolo sin dejar lugar a dudas según todos ustedes, de ser un violador tumultuario.

“Sin tener más elementos que un video manipulado, todos ustedes con índice de fuego lo han señalado y marcado de por vida de ser lo que nunca fue y ahora tendrá que vivir con ese estigma.

“¿Por qué no esperaron?, ¿qué hay detrás de todo este linchamiento mediático en contra de mi hijo?

“Hoy la autoridad competente determinó que mi hijo no tuvo ninguna participación en los hechos de aquel enero de 2015 —si es que verdaderamente existieron—, sin embargo, para todos ustedes ha sido, es y no dejará de ser, culpable. Culpable de un delito que no cometió, pero que por la irresponsabilidad y barbarie de todos ustedes deberá vivir con eso, que hasta se atrevieron a publicar direcciones, caras, nombres completos incluso ponerles un apodo como si fuera el peor de los delincuentes.

“Piensen, razonen por un momento, aunque sea mucho pedir, el daño que le han hecho a mi hijo. ¿Cómo va a ser reparado?, ¿quién lo va a reparar?, ¿quién los regula a ustedes?, cuando lo único que han hecho a cada instante desde que Javier Fernández hizo público todo esto es haber juzgado a mi hijo y declararlo culpable sin que para ustedes haya existido lugar a la duda.

“Hoy la autoridad ha dicho —con base en pruebas— que mi hijo no es culpable de lo que lo acusaron. De eso que ustedes hasta sentenciaron en el juzgado de la inmoralidad en que se mueven todos los días.

“A ti, Javier Fernández. Espero que llegues a tener un día de paz y que encuentres consuelo en todo el mal que le has hecho a mi hijo ante la irresponsabilidad y mal padre que has sido, pues qué padre que se digne de llamarse así permite a su hija menor de edad llegar a su casa golpeada, como dices que fue, y no haber actuado inmediatamente o peor aún, si no te hubieras dado cuenta.

“Tú sabes cómo fueron las cosas y callaste. Eres un cobarde.

“Y a ti Daphne, que Dios te perdone, porque el silencio también es cómplice de las canalladas”.

Le respondió Javier Fernández con toda la fuerza que la afrenta implica:

“Es indignante que ella me llame cobarde cuando sabe bien que su hijo participó. El hecho de que no se le haya girado una orden de aprehensión no lo hace inocente.

“Él estuvo en el automóvil, él presenció todo lo que sucedió, pero yo impugnaré esta decisión”.

Dice el abogado de Daphne, Jorge Winckler:

“El tiempo que ocupó la fiscalía para consignar el caso —11 meses— únicamente sirvió para permitir a los jóvenes acusados escaparan. Bravo Contreras se ha erigido como defensor y protector de los culpables y no de la víctima.

“Se les dio mucho tiempo para planear cómo escapar, ahora yo espero que ese tiempo se recupere a través de una acción efectiva, (…) esas pruebas son las mismas, exactamente las mismas que constaban en el expediente desde el 29 de mayo del año 2015, con esas pruebas el fiscal viene a consignar”.

Provoca esta inmundicia Fisculín. Entretuvo la investigación, la minó, perfeccionando la “inocencia” de Los Porkys hasta que la presión mediática lo destrozó. No logró librarlos de culpa, consignados por pederastia Enrique Capitaine, Jorge Cotaita y Diego Cruz, eximiendo a Gerardo Rodríguez Acosta de responsabilidad, aunque haya sido parte de la pandilla que ultrajó a Daphne, aunque no la haya tocado porque era su deber tratar de ayudarla, impedir el levantón, evitar que la tocaran, frustrar la violación. Y no lo hizo.

Provoca amnesia en Rocío Acosta Fernández saber que su hijo, por el momento, está libre y a salvo de la acción judicial. Hace meses, tras saberse la fechoría, reveló que su hijo Gerardo le explicó lo que ocurrió, que el hecho fue cierto, que hubo delito, que él no la tocó pero que hay complicidad.

“Asumo que mi hijo actuó mal porque tanto peca el que mata a la vaca como el que le agarra la pata”. “Yo ya no me voy a poner a defender a mi hijo, siento mucho lo que tu hija está pasando… Una tontería, un momento, no sé qué les pasó por la cabeza”.

¿Una tontería? No, una violación. ¿Una tontería? No, una privación ilegal de la libertad. ¿Una tontería? No, un ataque sexual. ¿Una tontería? No, un caso de pederastia simple y pederastia agravada. ¿Una tontería? No, omisión de auxilio, que es complicidad en la pederastia, que es de lo que terminará siendo acusado su hijo Gerardo Rodríguez Acosta.

Una vileza armada y tramada en el seno del jet-set de Boca del Río, Veracruz, en la sede de Costa de Oro, protegiendo y encubriendo a los suyos, burlando a la justicia.

Son los Rodríguez Acosta del círculo social que se habla con el poder. Con ellos los Poo, la familia del alcalde de Veracruz; los Gutiérrez de Velasco Beltrami, de raíces panistas, vendidos al duartismo, ligados al fiscal “Culín”, el artífice de la canallada para salvarle el pellejo al Porky cuya inocencia sólo cabe en la cabecita de mamá.

Posa en la foto Rocío Acosta con Claudia Beltrami, ex diputada panista, esposa del ex alcalde de Veracruz, antes del PAN, entregado al PRI de Javier Duarte, José Ramón Gutiérrez de Velasco, esquirol de marras, convertido en tapadera del Secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Arturo Bermúdez Zurita, y del fiscal Luis Ángel Bravo.

Tan cuates son los Rodríguez Acosta y los Gutiérrez de Velasco que Fisculín al único que le encontró la inocencia fue el Porky de esa dinastía. Y la mamuchis todavía da clase de moral.

Van sobre Gerardo Rodríguez Acosta por su participación en la violación, por su omisión, por una culpa que su misma madre, en el audio que difundió el padre de la víctima, admitió.

Y ahora se engalla Mamá Porky.

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